A las 3:47 de la madrugada, Carmen, de 79 años, se levantó al baño. Su hijo Javier la encontró minutos después en el suelo — el brazo roto, la cara ensangrentada, llorando de dolor en silencio para no despertarlo.
Todo porque intentó sostenerse de un toallero flojo que no aguantó su peso.
Esa misma escena se repite en miles de hogares colombianos cada semana. Y lo más devastador no es el accidente en sí — es la culpa que carga la familia después. El "¿por qué no hice algo antes?"